Poema sin Título VII
abril 17, 2026"Estos poemas fueron escritos en una sola noche, hace años... hoy sobreviven sin nombre, porque alguna vez pertenecieron a dos voces. Ahora solo quedan palabras: fueron encontrados entre los restos de un hogar consumido por el fuego. Del autor solo quedaron fragmentos de su obra y rumores sobre su desaparición. Nadie sabe si el incendio fue un accidente o una decisión..."
A veces, los dinosaurios nos
persiguen; a veces, las puertas se atoran; a veces, la gente grita; a veces,
los cuartos son oscuros; a veces, todo muerde; a veces, no queremos […]. Pero
no necesitas un príncipe en brillante armadura que venga a rescatarte;
necesitas recordar que, al final, todo va a estar bien, que toda historia tiene
un inicio y un final, y eso está bien. Reconfórtate […] una vez más, exploremos
[…] cada sueño para desentrañar sus misterios y, juntos, divertirnos como niños
explorando un mundo que no conocen y que es normal que les aterre, porque todo
es nuevo y todavía queda mucho por explorar.
No te […] tan fácil, porque todavía hay muchos lugares que recorrer, […]. Solo quiero volver a escuchar el ruido blanco de un vinilo sin música que
se reproduce sin parar en una habitación rústica que me recuerda al ático de
mis abuelos, aquel que nunca tuvimos. Quiero que nos encerremos ahí para
explorar todos los recuerdos antiguos de una vida que nos perdimos y que ahora
solo es polvo, mientras hacemos bromas e inventamos historias con cada libro
viejo, con cada artilugio antiguo, con cada esquina llena de polvo.
Y que, en la
madrugada, construyamos una pequeña carpa con sábanas polvorientas y
mordisqueadas por las polillas que revolotean alrededor de las lámparas. Al fin
de cuentas, no dejamos de ser niños descubriendo un mundo que no nos pertenece
y del que no tenemos control; entonces, ante lo malo, siempre nos quedarán las
risas y los recuerdos después de cada mal sueño. Entonces, tal vez, la próxima
vez que te persiga un dinosaurio puedas escapar en una nube de azúcar; y la
próxima vez que se atore una puerta puedas encogerte para colarte por las
grietas y cruzar al otro lado; y la próxima vez que las personas griten puedas
proteger tus orejas con lana rosa que es suave como las nubes; y la próxima vez
que un cuarto sea muy oscuro recuerdes que solo es la sombra de un gigante que
está estreñido en el baño; y la próxima vez que algo te muerda puedas morderlo
de vuelta; y la próxima vez que […], tengamos un
pequeño refugio construido con sábanas viejas en un ático imaginario donde nos
escondemos […].
Un ático por
encima de las nubes que es tan asombroso como desueto. Un lugar seguro donde
nuestro niño interior puede volver a divertirse, dando rienda suelta a su
imaginación sin miedo a romper algo porque, de todas formas, todo allí adentro
ya es demasiado viejo y, tarde o temprano, solo será polvo. […].
Dejemos a un
lado las deprimentes conversaciones anticuadas de adultos y volvamos a soñar
con gigantes, hadas, quimeras, unicornios y cómo los diseccionamos […], con artículos divertidos y amistosos que le dan un respiro al cerebro del
miedo y estrés, para volver a ser feliz. Tú no necesitas un príncipe de
brillante armadura que venga a rescatarte; tú necesitas papel y pluma, y, si es
posible, […].

0 comentarios