Señor de la Montaña

septiembre 04, 2026

Poema en honor a Pedro Fabián Astudillo Molina



Salmos de piedra y grava, férrea armonía,

por nosotros tus hijos. Oh, Señor de la Montaña,

rocíos de orquídeas dulces velan, por aquellas raíces,

—mientras lloran—. Tu nombre ahora en piedra.


Sendas bautizadas de gracia, erosionan la obsidiana,

fluyen germinando vida. Oh, Señor de la Montaña;

circuló de vuelta a ti, tu legado congregado,

a recitarte estos salmos, brotando madrigales.


Tus manos faltarán para apoyarme;

me entregué a tu fortaleza cimentada

de compasión tierna y noble alma

ahora sus pétalos tu nombre resguardan.


Salmos de piedra y grava, velen su semblante,

amorosos perfilan con detalle cada margen,

entregado a disposición del inmaculado.

Enraizado, germinando en la montaña, en tu hogar.


Anúnciate en nuestros salmos. Oh, Señor de la Montaña,

haz nuestro tu rocío tocado desde las raíces,

desde un nombre instaurado en piedra férrea;

por nosotros siempre tus hijos. Oh, Señor de la Montaña.


Tu palabra faltará para consolarme;

resguarda mi nombre en tus recuerdos,

donde ahora nosotros vemos piedra

tú ves los brazos de tu hijo acogiéndote en paz.



- JoséJoaquínDíazOllague.

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